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Consideramos que la violencia sexual es equiparable a la tortura,
y por lo tanto, a parte de ser un delito grave y de constituir
una violación a los derechos humanos, es un crimen de lessa
humanidad, esto es, que lesiona la dignidad constitutiva de la
humanidad.
Este crimen es perpetrado en total impunidad y representa uno
de los actos que deja de manifiesto la opresión sexual
de las mujeres y ilegitimidad del sistema genero/sexo que subyace
a nuestra cultura.
Sabemos que las mujeres que han vivido este tipo de crímenes
no merecen caridad, sino que se les debe justicia.
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La atención psicológica es un dispositivo de reparación
del daño que se enmarca dentro de la justicia restitutiva,
y que más allá de los límites de la justicia
penal, ofrece otra posibilidad de vida que pretende traspasar
los sentimiento de venganza, no sólo como una forma de
romper la espiral de la violencia, sino para romper el ciclo de
la impunidad.
El trabajo terapéutico se encuentra en el umbral del silencio,
cediendo la voz, aquella voz-silenciada que pueda romper la opresión
de la clandestinidad, para que de forma poética surja,
de las cenizas, otros horizontes de vida y esperanza.
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